Archive for the ‘Literatura’ Category

La Gran Enciclopedia de Yongle (Yongle Dadian)

Monday, January 29th, 2007

La Gran Enciclopedia de Yong es la más grande y antigua de su género del mundo y la protección de los libros antiguos de China.

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A lo largo de más de 5.000 años de historia china, surgieron numerosas dinastías imperiales. Entre aquellas, la Dinastía Ming es el penúltimo imperio feudal, famoso por sus contribuciones culturales, políticas y económicas a las generaciones posteriores. Su dominio duró 276 años entre los años 1368 y 1644. Zhu Di, cuarto hijo del fundador de los Ming, fue denominada el Principe Yan por su guarnición en la ciudad de Yanjing, actualmente Beijing. En 1402, Zhu Di dirigió sus tropas a conquistar la ciudad de Nanjing, capital imperial de entonces, mató a su sobrino y llegó a ser el tercer dominante de la Dinastía Ming. Él tituló a su dominio Yong Le, por eso a Zhu Di le llamaron el Emperador Yong Le. Durante su gobernación, el Emperador Yong Le dictó tres ordenes con gran trascendencia, contruir la Ciudad Probibida de Beijing, mandar a Zheng He a viajar por el Océano y recopilar la Gran Enciclopedia de Yongle.

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La Gran Enciclopedia de Yongle fue escrita por más de 3.000 literatos y escritores con pincel y tinta entre 1403 y 1407. La obra cuenta con 22.877 volúmenes reunidos en 11.095 tomos, entre los cuales se recopilaron más de 8.000 libros desde el siglo I antes nuestra era hasta comienzos del siglo XIV, cubriendo los panoramas de todos los sectores sociales y anotando los sucesos históricos, los conocimientos científicos astronómicos, geográficos, los lugares y personalidedes famosos. La Gran Enciclopedia de Yongle se ha convertido en la enciclopedia más grande y más antigua del mundo y es 12 veces mayor y 300 años anterior a la enciclopedia que el francés Diderot elaboró en el siglo XVIII.

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Sin embargo, en la antiguëdad, esta obra se usaba solamente para las familias reales. El pueblo no podía tener acceso a ella. Por su enorme magnitud, la Gran Enciclopedia de Yongle solamente tuvo dos copias. Su versión original y una copia se perdieron en la decadencia de la Dinastía Ming. En la Dinastía Qing, la única copia se conservaba en la Ciudad Prohibida y el Palacio de Yuanminyuan. Pero, a finales del siglo XIX,  estalló la Guerra del Opio, por lo cual en 1860, los Ejércitos de Francia e Inglaterra invadieron a Beijing e incendiaron el Palacio de Yuanmingyuan. Una mayoría de la Gran Enciclopedia de Yongle fue quemada. Luego, en 1900 las llamadas ”ocho potencias” incluyendo al Reino Unido, Francia, Japón, Alemania, Rusia, Estados Unidos, Italia y el Imperio Austro-Húngaro conquistaron Beijing de nuevo y robaron muchos tomos y reliquias antiguas y valiosas. Durante la Segunda Guerra Mundial, la Gran Enciclopedia de Yongle recibió el último daño grave.

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En la actualidad, entre los 11.095 tomos de la Gran Enciclopedia de Yongle se quedan sólo unos 400, desperdigados por las bibliotecas de 8 países y regiones del mundo. Entre aquellos, China tiene 221 tomos, que se conservan en la Biblioteca Nacional de China y el Museo de Taiwán respectivamente.

Hoy en día, la protección y procuración de esa obra se han convertido en una tarea urgente y esencial de los sectores académicos e históricos dentro y fuera del país. Por esfuerzos y estudios de los especialistas del mundo, hace poco, en China, se publicaron por primera vez 40 tomos de una versión imitante a la original. Sobre la Gran Enciclopedia de Yongle y su última publicación, Ren Jiyu, director de la Bibilioteca Nacional de China, dijo:

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” La Gran Enciclopedia de Yongle es la obra más distinguida y más madura en la literatura antigua a lo largo de la historia china, además, constituye un prestigioso monumento de la historia de la cultura humana. Por motivos conocidos no podemos verla en su edición original. Ahora, en el mundo los tomos conservados solamente pertenecen a la copia de la Dinastía Ming. La destrucción de esa obra por el hombre es una gran pérdida para la cultura mundial. Hace unos años, la Bibilioteca Nacional de China ha organizado a numerosos especialistas e historiadores para estudiar la recuperación de la Gran Enciclopedia de Yongle y en este año, siguiendo los modelos, composición y encuadernación de la Gran Enciclopedia de Yongle, se publicó su fotocopia, lo cual ha impulsado el desarrollo académico de la historia contemporánea.”

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El estudio de dicha obra llama la atención de los sectores historiador y argueológico de otros países. Para fomentar sus investigación y protección, los especialistas chinos empezaron las cooperaciones académicas internacionales. En abril del 2002, en Beijing, celebraron el Foro Internacional del Aniversario de Publicación de la Gran Enciclopedia de Yongle, a lo que asistieron más de 90 estudiosos provenientes de unos 50 instituciones y centros académicos de Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Rusia, Japón y Corea. Al mismo tiempo, adaptar las más modernas tecnologías en esta obra ayudará a extender la cultura china a todos los rincones del mundo. La idea de llevar la Gran Enciclopedia de Yongle al formato CD y a publicarla en Internet surgió poco después de que la británica Universidad de Aberdeen entregara a la BNC tres discos compactos en los que introdujo la información de un tomo de la Yongle que posee el centro superior escocés. Además, según se informó, la Bibilioteca Nacional de China, está trabajando para digitalizar esta gran obra dentro de unos dos años, por lo cual permitirán un mejor acceso a sus textos, imágenes y bases bibliográficas.

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An Pingqiu, profesora de la Universidad de Beijing, dijo: “La Yongle Dadian es un tesoro del mundo. Incluso una pequeña parte es importante para los académicos y cualquier esfuerzo enfocado en su publicación es muy notable. Lo que disponemos ahora de la enciclopedia es sólo un tres o un cuatro por ciento del volumen original. La publicación de las fotocopias ayudará a los académicos y hará que mucha gente conozca el patrimonio cultural del mundo”.

[Fuente: CRI]

El arte de la guerra

Thursday, January 25th, 2007

La colección de ensayos sobre el arte de la guerra atribuidos a Sun Zi (conocido en Occidente como Sun Tzu) es el más antiguo tratado sobre este tema del que se tiene noticia. Escrito hace unos 2.500 años, precedió en más de 2.300 años a De la guerra (Vom Kriege), obra del militar prusiano Karl Von Clausewitz.

Sun Zi («maestro de la guerra») es el respetuoso sobrenombre con el que se conoce también a Sun Wu, gran general y estratega que vivió en torno al siglo V a. de C. Refugiado de las intrincadas guerras de Wu, fue designado general por el rey de este estado y, al mando de 30.000 hombres, derrotó al ejército del estado de Chu, formado por 200.000 soldados, hazaña que le dio un gran prestigio. En el Arte de la guerra, Sun Zi resume las experiencias bélicas de las guerras del Periodo de Primavera y Otoño, y formula una teoría militar completa.

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El núcleo de la filosofía de Sun Zi, expuesta en no más de siete mil palabras repartidas en trece capítulos, está en los dos principios siguientes: todo el arte de la guerra se basa en el engaño; el supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar.

En «Sobre la evaluación», el primer capítulo, Sun Zi señala que toda acción bélica debe valorarse según cinco criterios fundamentales; a saber: la doctrina o vía, el tiempo, el terreno, el mando y la disciplina. Asimismo, con vistas a predecir el desenlace de la guerra, es necesario comparar las condiciones de los bandos rivales. En el tercer capítulo, titulado «Sobre las proposiciones de la victoria y la derrota», propone lograr el máximo triunfo con el mínimo coste: un verdadero maestro de las artes marciales vence a las fuerzas enemigas sin presentar batalla; conquista ciudades sin asediarlas; y destruye a otros ejércitos sin emplear mucho tiempo. La importancia concedida a la estrategia se refleja en la afirmación de que la mejor manera de conquistar es mediante la habilidad política; la siguiente, con la diplomacia; luego, recurriendo a la fuerza; y la peor es sitiar una ciudad. Según Sun Zi, «si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro». En el último capítulo, el autor subraya que la utilización de diversos tipos de espías es esencial para obtener información sobre el enemigo.

Reflejando claramente una argumentación dialéctica, en el Arte de la guerra las estrategias y las tácticas se analizan a partir de una serie de pares de oposiciones transferidas al ámbito bélico: los enemigos y los aliados; la superioridad y la inferioridad numéricas; el ataque y la defensa; la victoria y la derrota; las ganancias y las pérdidas, etc.
El Arte de la guerra, uno de los mejores tratados de estrategia de todos los tiempos, inspiró a Napoleón, Maquiavelo, Mao Zedong y a otras grandes figuras de la historia. La aplicación de las estrategias y la filosofía expuestas en esta obra no se ha limitado al terreno militar, sino que se ha extendido a la política, los negocios, el deporte, la diplomacia e incluso a las relaciones interpersonales.

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La obra de Sun Zi, uno de los clásicos chinos de mayor influencia en todo el mundo, llegó por primera vez a Europa poco antes de la Revolución Francesa. Se ha publicado en miles de ediciones y se ha traducido a veintinueve idiomas, entre ellos el inglés, el español, el francés, el ruso, el alemán y el japonés. A pesar de haber sido formuladas hace veinticinco siglos, las ideas contenidas en el Arte de la guerra siguen gozando de plena vigencia, tanto es así que este tratado se utiliza como material de enseñanza en academias militares de numerosos países. Además, muchos de los principios fundamentales expuestos en los manuales modernos de gestión de empresas son citas literales de la obra de Sun Tzu, en las que solo se sustituyen algunos términos, por ejemplo, «ejército» por empresa y «armas» por «recursos».

[Fuente: CRI]

Cuentos populares chinos (II)

Monday, January 22nd, 2007

LOS CUATRO DRAGONES

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Hace muchos, muchísimos años, no había ni ríos ni lagos en la tierra, solamente existía el Mar el Este, en el que vivían cuatro dragones: el Dragón Largo, el Dragón Amarillo, el Dragón Negro y el Dragón Perla.
Un día, los Cuatro Dragones salieron a la superficie del mar y decidieron ir a darse una vuelta por el cielo. Allí jugaron al escondite entre las nubes esponjosas, volaron y planearon, saltaron y rieron.
De repente, el Dragón Perla gritó: -¡Venid aquí, rápido!
-¿Qué ocurre? – preguntaron los otros tres, mirando hacia dónde señalaba el Dragón Perla. Sobre la tierra, vieron a mucha gente sacando frutas y tartas y quemando varitas de incienso. ¡Estaban rezando! Una mujer joven, arrodillada en el suelo con un niño delgado sobre la espalda, imploraba:
- Por favor, Dios del Cielo, envíanos lluvia rápido o no tendremos nada para comer….
No había llovido desde hacía mucho tiempo. Los cultivos se marchitaban, la hierba se volvía de color amarillo y los campos se secaban bajo el sol abrasador.
- ¡Pobre gente! ¡Qué pena me dan!- dijo muy triste el Dragón Amarillo.
- Si no llueve pronto, no tendrán nada para comer y morirán…- dijo el Dragón Negro.
Los Cuatro Dragones se quedaron muy pensativos buscando alguna solución para ayudar a la gente de la Tierra.
- ¿Y si fuéramos a ver al Emperador Jade y le pidiéramos que enviara lluvia a la Tierra? - propuso el Dragón Perla.
- ¡Muy buena idea! – contestó el Dragón Amarillo.
- ¡Sí! ¡Seguro que él podrá ayudar a esa pobre gente! – contestó el Dragón Negro.
Así que los cuatro Dragones se dispusieron a visitar al poderoso Emperador Jade, que vivía en el Palacio Celestial.
El Emperador Jade era muy poderoso, ya que se encargaba de los asuntos del Cielo, de la Tierra y del Mar. Los cuatro Dragones entraron corriendo en el Palacio Celestial. El problema que les traía era realmente urgente, pero al Emperador no le gustaron aquellas prisas, ya que estaba en un concierto de hadas.
- Qué estáis haciendo aquí, vosotros? – les preguntó enfadado. – ¿No deberíais estar en vuestro Mar?
El Dragón Largo se acercó al Emperador y le dijo: - Majestad, hemos venido a pedirle que envíe un poco de lluvia a la Tierra. Los cultivos en la Tierra se están secando por falta de lluvia y pronto las gentes no tendrán nada para comer.
- Está bien- dijo el Emperador Jade.- Iros tranquilos. Mañana enviaré la lluvia.-

Y siguió escuchando tranquilamente las canciones de las hadas.
- ¡Muchas gracias Majestad! – contestaron felizmente los Cuatro Dragones.
Pero pasaron diez días y todavía no había caído una gota de agua sobre la Tierra. La gente pasaba hambre. Comían cortezas de árbol o raíces de plantas y cuando esto se acabó, comieron incluso arcilla.
Viendo esto, los Cuatro Dragones se sintieron muy mal y se dieron cuenta que el Emperador Jade sólo se preocupaba de pasárselo bien, sin tomar en serio los problemas de la gente. Sólo podían confiar en ellos mismos para ayudar a la gente de la Tierra. Pero, ¿cómo iban a hacerlo?
Mirando hacia el mar, el Dragón Negro dijo que había tenido una gran idea.
- ¿Qué es? Vamos, rápido, ¡cuéntanoslo! – gritaron los otros tres Dragones.
- Mirad, ¿no veis que hay muchísima agua en el mar en el que vivimos? ¡Podríamos llenar nuestras bocas de agua y luego rociarla sobre la Tierra! ¡Sería como la lluvia!- explicó el Dragón Negro.
- Es una idea fantástica – dijo el Dragón Amarillo.
- Los campos se regarán y la gente podrá recoger las cosechas y no morirá de hambre! ¡Vamos, no hay tiempo que perder!
- Esperad un momento- dijo el Dragón Perla muy pensativo.
- ¿Qué ocurre ahora? ¿No ves que tenemos prisa? – contestó el Dragón Largo.

– ¡La gente de la Tierra está esperando la lluvia!
- ¿No habéis pensado que el Emperador Jade nos castigará si se da cuenta?
- A mi no me importa- contestó el Dragón Largo con determinación. –Haría lo que fuera para ayudar a esa gente.
- ¡Pues a mi tampoco me importa! – contestó el Dragón Perla.
El Dragón Amarillo y el Negro se miraron y dijeron a la vez: - ¡A nosotros tampoco!
- Entonces, ¡manos a la obra! ¡Pase lo que pase, nunca nos arrepentiremos de esto!- exclamó el Dragón Negro.
Así que volaron hacia el mar. Abrieron bien sus bocas y las llenaron de agua. Volvieron a alzar el vuelo y revolotearon por el cielo, produciendo viento. Sus alas taparon el sol y la gente miró al cielo creyendo que de verdad se avecinaba una gran tormenta. Entonces los cuatro Dragones empezaron a pulverizar el agua sobre la tierra.
Cuando habían vaciado sus bocas, volvían a llenarlas en el mar y subían al cielo otra vez. Y así lo hicieron una vez y otra, hasta que había caído una buena lluvia sobre la Tierra.
La gente salió de sus casas mirando hacia el cielo y gritando con alegría: - ¡Está lloviendo, está lloviendo! ¡Salvaremos la cosecha!
El agua cayó sobre la Tierra y los campos reverdecieron. La gente cantaba para agradecer al Dios del Cielo la lluvia y los niños bailaban y saltaban sobre los charcos de agua.
Cuando el Emperador Jade se dio cuenta que estaba lloviendo se puso furioso. ¿Cómo se habían atrevido a llevar lluvia a la Tierra sin su permiso? Ordenó que sus soldados fueran a buscar a los Cuatro Dragones y los trajeran ante él. Estaba dispuesto a castigarlos muy duramente por haberlo desobedecido.
Cuando los Dragones estuvieron en el Palacio Celestial, el Emperador Jade llamó al Dios de la Montaña y le ordenó que trajera cuatro montañas para encerrar a los Cuatro Dragones. El Dios de la Montaña trajo volando cuatro montañas y las colocó sobre los cuatro Dragones, que quedaron atrapados sin poder moverse.
Aún así, los Cuatro Dragones nunca se arrepintieron de lo que habían hecho, porque habían ayudado a gente que lo necesitaba.
Convencidos de querer hacer siempre buenas acciones para ayudar a los hombres, los Cuatro Dragones se convirtieron en cuatro ríos, que fluyeron a lo largo de altas montañas y profundos valles, cruzando la tierra y ofreciendo su agua a las gentes, para llegar finalmente al mar.

 Y de esta manera se formaron los cuatro grandes ríos de China:

  • Heilongjian (el Dragón Negro) al norte
  • Huang He (el Dragón Amarillo) en el centro
  • Changjiang (Iang-Tsé o río Largo) al sur
  • Xi Jiang (Perla) en el lejano sur

[Fuente: educastur.es]

 

Cuentos de la dinastía Tang de China

Saturday, January 20th, 2007

La dinastía Tang (618-907) constituyó la edad de oro de la literatura china. En el corto espacio de doscientos noventa años se manifestaron numerosos poetas y escritores tales como Li Bai, Du Fu, Bai Juyi, Li Gongzuo y Bai Xingjian, que dejaron inmortales obras maestras. Más de cincuenta mil poemas y cuatrocientos relatos de la dinastía Tang permanecen hasta hoy en día haciendo resaltar la gloría de la secular civilización de China.
La novela existía en estado embrionario en la época de las Seis Dinastías (222-589); entonces brotaron múltiples cuentos y anécdotas interesantes. Sin embargo, sea porque se trataba de historias extrañas o acaso actos y dichos de hombres célebres, la mayoría de esos relatos no pasaban de esbozos o simples anécdotas. Hu Yinglin (1551-1602), un crítico perteneciente a la dinastía Ming, escribió:

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El período de las Seis Dinastías es fértil en cuentos extraños; la mayor parte de ellos no fueron inventados deliberadamente, sino basados en rumores, en narraciones deformadas por la tradición oral. Recién durante la dinastía Tang los escritores comenzaron a escribir con su propia imaginación.

En efecto, en esa dinastía aparecen cuentos de gran vuelo, con lenguaje pulido y riqueza de detalles que brindan una imagen auténtica y vívida del pueblo y de la sociedad de entonces. La poesía y la novela fueron las dos formas literarias más desarrolladas de esa época. En la dinastía Song, Hong Mai (1123-1202) expresó:

Debemos estudiar las novelas Tang. Hasta los más pequeños hechos son exquisitamente emocionantes y muy seguido el lector sucumbe a su encanto, sin caer en cuenta de ello. Las novelas y la poesía Tang son maravillas de su época. Para comprender el por qué de ese desarrollo tan rápido, tenemos que volver tiempo atrás.

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La dinastía Tang quedó establecida a continuación de la revuelta campesina de fines de la dinastía Sui (581-618). Li Yuan, primer emperador de los Tang y su hijo Li Shimin aprovecharon la sublevación campesina para ocupar Chang’an y apropiarse de los frutos de su victoria. Al comienzo del siglo VII, completaron la unificación del país poniendo fin así a cuatro siglos de separatismo local, de invasión extranjera y de caos que habían seguido a la caída de la dinastía Han (220 a.n.e.). Li Shimin fue uno de los más destacados emperadores de la China medieval. Detuvo la amenaza de invasiones foráneas, desarrolló las regiones fronterizas y abrió la ruta hacia el oeste, dando de esa manera un nuevo impulso a los intercambios económicos y culturales entre el este y el oeste. Con el desenvolvimiento de fuerzas productivas se engendró un gran renacimiento cultural. Literatura, arte, música, danza y escultura florecieron como nunca.

A medida que el comercio prosperaba, se veía surgir grandes ciudades. Chang’an, actual Xi’an, sirve de cuadro a seis cuentos sobresalientes: Liangzhou, Yangzhou, Guangzhou y otras ciudades, eran centros prósperos del comercio con el exterior. Comerciantes árabes, sacerdotes y profesores extranjeros llegaron en gran número a China; había de cuatro a cinco mil extranjeros tan sólo en la ciudad de Chang’an. Las exigencias de la nueva clase urbana de comerciantes en cuanto a literatura y entretenimientos constituyeron un fuerte estímulo para el desarrollo de la poesía y de la literatura nacional y regional, en los géneros más variados. Sobre esa base creció la novela corta.

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Otro factor a tener en cuenta es el conflicto que debía estallar inevitablemente entre la clase urbana naciente y todo lo que caía en decadencia en el viejo sistema feudal. Este conflicto fue una mina temática para la literatura. Así, pues, el puesto importante otorgado a los relatos de la dinastía Tang en la historia de la literatura china reposa en el hecho de que sus autores nos brindaron una pintura romántica, pero relativamente realista y emotiva, de la vida en aquella época. Las rivalidades intestinas de la clase dominante y la oposición popular a los señores feudales en el curso de la dinastía Tang están bien reflejadas en estas obras.

[Fuente: CRI]
 

Cuentos populares chinos (I)

Thursday, January 18th, 2007

LA PERLA BRILLANTE

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Hace mucho, muchísimo tiempo había un dragón de jade tan blanco como la nieve que vivía en una cueva en la roca en la orilla este del río Celestial y un hermoso fénix dorado que vivía en el bosque al otro lado del río.

Al dejar su casa cada mañana el dragón y el fénix se encontraban antes de ir cada uno por su lado, uno a volar en el cielo y el otro a nadar en el río Celestial. Un día ambos llegaron a una isla encantada donde encontraron una piedrecita brillante que les fascinó con su belleza.

“Mira que hermosa es esta piedra”, le dijo el fénix dorado al dragón de jade.

“Vamos a pulirla y darle forma para que se convierta en una perla”, dijo el dragón de jade.

Entonces se pusieron a trabajar la piedra, el dragón utilizando sus garras y el fénix su pico. La pulieron día tras día, mes tras mes, hasta que al final la convirtieron en una pequeña y perfecta esfera. Emocionado, el dragón voló hacia la montaña sagrada para recoger gotas de rocío de la mañana y el fénix recogió agua clara del río Celestial, para rociar y lavar la esfera. Gradualmente se convirtió en una perla deslumbrante. Ambos se habían hecho tan amigos que ninguno quería volver a su hogar, por lo que se establecieron en la isla encantada, guardando la perla.

La perla era mágica: cada vez que brillaba, todo iba mejor, los árboles se volvían verdes todo el año, las flores de todas las estaciones florecían a la vez  y la tierra daba sus mejores cosechas.

Un día, la Reina Madre del Paraíso, al salir de su palacio vio a lo lejos los brillantes rayos que irradiaba la perla, impresionada por la visión, se propuso ser la propietaria de la perla. Envió a uno de sus guardianes en mitad de la noche a robársela al dragón de jade y al fénix dorado mientras dormían. Cuando el guardián volvió con ella, la Reina Madre estaba encantada, decidió que no se la enseñaría a nadie e inmediatamente la escondió en el cuarto más recóndito del palacio para llegar al cual había que atravesar nueve puertas con cerrojos.

Cuando el dragón de jade y el fénix dorado se despertaron por la mañana, se encontraron con que la perla faltaba. Desesperadamente, se pusieron a buscarla por todas partes: el dragón escrudiñó cada rincón del fondo del río Celestial, mientras que el fénix dorado barría cada pulgada de la montaña sagrada, pero todo fue en vano. Continuaron su búsqueda día y noche, con la esperanza de recuperar su valioso tesoro.

El día del cumpleaños de la Reina Madre, todos los dioses y diosas del Paraíso fueron a su palacio para felicitarla. Ella preparó una gran fiesta, entreteniendo a sus invitados con néctar y albaricoques celestiales, la fruta de la inmortalidad. Los dioses y las diosas le dijeron:

“Ojalá que tu fortuna sea tan grande como el Mar del Este y tu vida dure más que la Montaña del Sur”

La Reina Madre estaba emocionada y, con un súbito impulso, declaró:

“Mis queridos amigos inmortales, quiero enseñaros una preciosa perla que no se puede encontrar ni en el Paraíso ni en la Tierra”

Entonces sacó las nueve llaves de su bolsillo y abrió una por una las nueve puertas. Del más recóndito cuarto del palacio sacó la perla brillante, la colocó en una bandeja de oro y cuidadosamente la llevó al centro del salón de baile, que inmediatamente quedó iluminado por sus destellos. Todos los invitados quedaron fascinados por su brillo y la admiraban embobados.

Mientras tanto, el dragón de jade y el fénix dorado continuaba  su infructuosa búsqueda, cuando, de repente, el fénix dorado vio su brillo y resplandor en la distancia y llamó al dragón de jade: “Mira, ¿no es nuestra perla?”

El dragón de jade sacó su cabeza del río Celestial y miro y dijo: “Por supuesto que es, no hay duda, vamos a recuperarla”

Volaron hacia la luz, que les condujo al palacio de la Reina Madre. Cuando tomaron tierra allí, encontró a todos los dioses y diosas inmortales apelotonados alrededor de la perla, alabándola admirados. Empujando y abriéndose camino entre la multitud, el dragón de jade y el fénix dorado gritaron a la vez: “¡Esta es nuestra perla!”

La Reina Madre se puso furiosa y exclamó: “Tonterías, yo soy la madre del Emperador del Paraíso, y todos los tesoros me pertenecen”.

El dragón de jade y el fénix dorado se enfadaron entonces mucho por lo que la reina decía y protestaron:

“El paraíso no ha creado esta perla, ni ha nacido de la tierra, fuimos nosotros quienes le dimos forma y la pulimos, nos llevó muchos años de duro trabajo”.

Avergonzada y furiosa, la Reina Madre agarró fuertemente la bandeja y ordenó a los guardianes del palacio que expulsaran al dragón de jade y al fénix dorado, pero ellos lucharon con todas sus fuerzas, con la determinación de arrebatarle la perla a la Reina Madre. Los tres pelearon por la bandeja dorada, que, al ser zarandeada en la pelea salió disparada, y con ella la perla, que rodó hasta el borde de la escalera para luego caer al vacío.

El dragón de jade y el fénix dorado salieron corriendo como una exhalación, intentando evitar que la perla se rompiera en pedazos. Volaron en su búsqueda, hasta que al final se posó con suavidad en la tierra. Al tocar el suelo, la perla inmediatamente se convirtió en un claro y verde lago.

El dragón de jade y el fénix dorado no podían soportar la idea de separarse de él, y se convirtieron en dos montañas, quedando para siempre al lado del lago.

Desde entonces, la Montaña Dragón de Jade y la Montaña Fénix Dorado permanecen serenamente a ambos lados del Lago del Oeste.

[Fuente: educastur.es]