La utilización de las piedras para sellar quizá sea la forma más antigua conocida de impresión. De uso común en la antigüedad en Babilonia y otros muchos pueblos, como sustituto de la firma y como símbolo religioso, los artefactos estaban formados por sellos y tampones para imprimir sobre arcilla, o por piedras con dibujos tallados o grabados en la superficie. La piedra, engastada a menudo en un anillo, se coloreaba con pigmento o barro y se prensaba contra una superficie elástica y dúctil a fin de conseguir su impresión.

La evolución de la imprenta desde el método sencillo del tampón hasta el proceso de imprimir en prensa parece que se produjo de forma independiente en diferentes épocas y en distintos lugares del mundo. Ya en el siglo II los chinos habían desarrollado e implantado con carácter general el arte de imprimir textos. Se cree que los primeros libros del Lejano Oriente estaban escritos sobre tablillas de bambú o madera, que luego se unían entre sí. Otro tipo de libros eran los constituidos por largas tiras de una mezcla de cáñamo y corteza inventada por los chinos en el siglo II d. C.

Al principio, estas tiras se incidían con plumas o pinceles de junco y se envolvían alrededor de cilindros de madera para formar un rollo. Más adelante, se comenzaron a plegar en forma de acordeón, a pegarse en uno de los lados y a colocarles portadas hechas de papel fino o tela. Los sabios y funcionarios que sabían escribir se esforzaron especialmente en caracterizar sus escritos de estilos distintivos de caligrafía, que era considerada como una de las bellas artes, lo cual no es de extrañar, pues tanto el chino como el japonés y el coreano, utilizan para su escritura los ideogramas. Igual que con muchos inventos, no era del todo novedoso, ya que la impresión de dibujos e imágenes sobre tejidos le sacaba al menos un siglo de ventaja en China a la impresión de palabras.

Dos factores importantes que influyeron favorablemente en el desarrollo de la imprenta en China fueron la invención del papel en 105 y la difusión de la religión budista en China. Los materiales de escritura comunes del antiguo mundo occidental, el papiro y el pergamino, no resultaban apropiados para imprimir. El papiro era demasiado frágil como superficie de impresión y el pergamino, un tejido fino extraído de la piel de animales recién desollados, resultaba un material caro. El papel, por el contrario, es bastante resistente y económico. La práctica budista de confeccionar copias de las oraciones y los textos sagrados favorecieron los métodos mecánicos de reproducción.

Los primeros ejemplos conocidos de impresión china, producidos antes de 200, se obtuvieron basándose en letras e imágenes talladas en relieve en bloques de madera. Modernas investigaciones han revelado el enorme desarrollo que tuvieron los procedimientos de impresión en el Extremo Oriente, aunque se ignora en qué medida influyeron en el Occidente, pues son desconocidos los eslabones entre el arte de imprimir chino y el de finales de la Edad Media en Europa. Un asombroso hallazgo revela que en el siglo VII fueron reproducidos en China hasta un millón de ejemplares con un sólo grabado. En 972 se imprimieron de esta forma los Tripitaka, los escritos sagrados budistas que constan de más de 130.000 páginas. En aquella misma centuria apareció también en China el primer papel moneda, que fue impreso en xilografía.

A principios del siglo XI fueron inventados en China los tipos móviles, lo que representó un avance revolucionario sobre el primitivo sistema de impresión en bloques y su inventor parece haber sido Pi Sheng, hacia 1045. Éste pasó de los bloques de madera al concepto de la impresión mediante tipos móviles, es decir, caracteres sueltos dispuestos en fila, igual que en las técnicas actuales. Los primeros tipos móviles fueron fabricados de arcilla cocida. La reproducción en masa de caracteres o letras sueltas implica la posibilidad de ordenarlas en cualquier combinación o modelo, y de utilizarlas una y otra vez para imprimir distintos libros, en tanto que los bloques grabados servían únicamente para reproducir el mismo ejemplar o página determinada. Sin embargo, dado que el idioma chino exige entre 2.000 y 40.000 caracteres diferentes, los antiguos chinos no consideraron útil dicha técnica, y abandonaron el invento.

El procedimiento de los tipos intercambiables fue perfeccionado por los coreanos, los cuales, cuatro siglos más tarde llegaron a fundir tipos sueltos en bronce. Alrededor del año 1400 se produjo en Corea una revolución política y la administración triunfante estableció, como dependencia del Gobierno, un departamento de libros y tipos. Fue una tarea costosa y extraordinaria envergadura: cientos de miles de tipos fueron fundidos en no más de siete meses. Se sabe que la empresa despertó tal entusiasmo que cuando se agotó el metal para continuar la fundición, fueron utilizados todos los objetos de bronce de que se pudo echar mano, llegando a fundirse incluso las campanas de conventos y monasterios. Todos estos sucesos ocurrían varios lustros antes de que en Alemania un hombre llamado Johann Gutenberg diera a conocer su invención.