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Sui Ren produjo fuego por frotamiento

Thursday, February 1st, 2007

En la remota antigüedad los hombres no tenían fuego. Este estaba en manos del dios del trueno, un monstruo de cabeza humana y cuerpo de dragón que solía recorrer el mundo de los seres humanos durante la primavera y el verano. Cierta vez, cuando pasaba por un bosque, agitó su cola chocando contra los árboles secos, lo que produjo un incendio. Los seres humanos se asombraron al ver las brillantes llamas que devoraban a los árboles y abrasaban y hacían huir a las bestias.

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El fuego era sorprendente, pero útil: con él, la carne, al ser cocinada o asada, era más exquisita; las tinieblas se desvanecían, haciendo que la noche fuera tan brillante como el día y la gente podía vencer el frío más riguroso. Los humanos necesitaban el fuego, pero salvo el que les daba de casualidad el dios del trueno, no sabían dónde encontrarlo. Decían que éste existía en el Oeste distante y árido, en un lugar donde no había sol ni luna.

Allí hubo un Estado llamado Sui Ming, donde no hacía frío, las cuatro estaciones eran tibias como la primavera y la noche era tan brillante como el día. La causa de esto era un árbol descomunal que crecía allí, llamado “Suimu”; era tan grande, que para abarcar su tronco se necesitaban varias decenas de personas con los brazos extendidos y sus ramas eran tan frondosas, que se extendían por miles y miles de hectáreas a la redonda. Como despedía incesantemente calor y luz, también fue llamado “árbol del fuego”. Quien lograra llegar hasta él para obtener algunas ramas que sirvieran como semillas de fuego, sería un afortunado.

Pero ya habían transcurrido incontables años y nadie había logrado llegar hasta aquel sitio, pues era necesario atravesar mil montañas, cruzar diez mil ríos, recorrer innumerables caminos y tropezarse con diversas dificultades y peligros inesperados. Se dice que varios hicieron el intento pero, desgraciadamente, fracasaron. Los unos, se habían despeñado; otros, se habían ahogado en un río o habían sido devorados por las bestias; otros más, habían muerto de insolación o de frío, e incluso hubo quienes retornaron a mitad de camino, asustados por las dificultades y penalidades.

En aquella época, había un joven conocido por su inteligencia y valentía en todas las tribus. Era muy alto y fornido, como si fuera de hierro; tenía una energía asombrosa, y era sumamente despierto y hábil. Era un experto en tirar al arco, escalar montañas y cruzar ríos, pero, en particular, se distinguía por su nobleza y porque quería traerle la felicidad a la humanidad. Al saber que había un “árbol del fuego” en el Estado Sui Ming, decidió ir allá. A pesar de los fracasos anteriores no vaciló en su firme convicción. A toda costa debía ir por el fuego, para iluminar al mundo y para que los seres humanos tuvieran” calor.

Cierto día, armado de arco y flechas, se despidió de su pueblo natal y marchó hacia el Oeste. Verdaderamente, las dificultades y los peligros eran innumerables: venció a las altas montañas trepando rocas; cruzó los ríos en una canoa hecha con un tronco y a veces tuvo que luchar contra los tigres y las boas. El calor tórrido le quemaba el cabello y la piel, y el frío riguroso le paralizaba las manos y los pies. Muchas veces cayó abatido por el hambre, la sed y la fatiga, pero volvió a levantarse con una tenacidad asombrosa.

Había perdido la cuenta del tiempo y de la distancia recorrida. Pero continuó caminando sin cesar hasta que el sol y la luna se ocultaron detrás de él y la tierra se sumergió en las tinieblas. Mas deseoso de obtener el fuego para la humanidad, continuó marchando a tientas. Cierto día, descubrió de repente una débil luz a lo lejos, semejante a los arreboles en el Este. Cuanto más se aproximaba a ella, tanto más brillaba. Al comprender que había llegado al Estado Sui Ming, corrió con infinita alegría.

Aquí crecía un árbol descomunal y único. Sus raíces entrelazadas, sus nudos intrincados y sus frondosas ramas ocupaban una superficie de casi diez mil hectáreas. Como por arte de magia, todo el árbol despedía un fuego brillante, que resplandecía al igual que perlas y piedras preciosas, alumbrándolo todo. Evidentemente, era el Sui Mu, el llamado “árbol del fuego” que ambicionaba tener la humanidad desde hacía mucho tiempo. El joven se acercó y observó detenidamente de dónde salía el fuego.

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En el árbol, había muchas aves semejantes a los buhos que picoteaban el tronco y las ramas. Con cada picotazo, se producían chispas. Mientras contemplaba el espectáculo, el joven imaginó súbitamente un método para producir el fuego. Trepó en seguida al árbol y arrancó algunas ramas. Para hacer un ensayo, frotó una rama gruesa con las pequeñas hasta que, de veras, se produjeron chispas. Entonces, pensó: “¿Será posible lo mismo con las ramas de otro árbol?” Inmediatamente hizo la prueba. Aunque tuvo que hacer un gran esfuerzo, se produjeron chispas que luego se convertían en llamas al frotar incesantemente.

Lleno de alegría, regresó enseguida a su pueblo natal y transmitió el método de producir fuego a los demás, quienes a su vez lo transmitieron a otros. De ahí en adelante, la gente pudo obtener fuego en cualquier momento, sin necesitar del dios del trueno. Al tener el fuego, la gente podía asar o cocinar sus alimentos, calentarse en tiempos de frío riguroso, alumbrar la noche, encender hogueras para espantar a las bestias que intentaban atacar, e incluso, fundir minerales para fabricar armas más afiladas.

Producir el fuego por frotamiento era, en apariencia, muy simple; pero fue un conocimiento obtenido a costa de dificultades e hizo, a partir de ese mismo instante, avanzar a la humanidad hacia la civilización. Para honrarlo, la gente le puso al joven el nombre de “Sui Ren Shi”, que quiere decir “inventor del fuego”.

[Fuente: CRI]

Las Guerras del Opio (II)

Wednesday, January 31st, 2007

Segunda Guerra del Opio

El 8 de octubre de 1856, los oficiales de los Qing abordaron el Arrow, un barco de dueños chinos que había sido registrado en Hong Kong y era sospechado de piratería y contrabando. Doce sujetos chinos fueron arrestados y aprisionados. Este hecho fue conocido como el “Incidente del Arrow”. Los oficiales británicos en Guangzhou pidieron la liberación de los navegantes afirmando que como el barco había sido recientemente registrado por británicos estaba protegido bajo el Tratado de Nanjing. Sólo cuando fue demostrado que aquél era un argumento débil, los británicos insistieron en que el Arrow había tenido una insignia británica y que los soldados de los Qing habían insultado la bandera. Estando en guerra con los insurgentes de la Rebelión Taiping, los Qing no estaban en condiciones de recibir un ataque de Occidente.

Aunque los británicos fueron retrasados por la Rebelión de la India, respondieron al Incidente del Arrow en 1857 atacando Guangzhou desde el Río de las Perlas. Ye Mingchen, quien se convertiría en gobernador de las provincias de Guangdong y Guangxi, alertó a los soldados chinos en los fuertes. Después de tomar los fuertes cercanos a Guangzhou sin mucho esfuerzo, la Armada Británica atacó la ciudad.

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El Parlamento Británico decidió tomar compensación de China basándose en el reporte del Incidente del Arrow presentado por Harry Parkes, el cónsul británico en Guangzhou. Francia, los Estados Unidos y Rusia recibieron invitaciones para adherirse al Reino Unido en una alianza. Francia se unió a la acción británica en contra de China, provocada por la ejecución del misionario francés Padre Auguste Chapdelaine, en el llamado “Incidente de Auguste Chapdelaine”, por parte de autoridades locales en la provincia de Guangxi. Rusia y los Estados Unidos invitaron a Hong Kong a unirse a la causa anglo-francesa, pero nunca aportó ayuda militar.

Los británicos y los franceses unieron fuerzas bajo el mando del almirante Michael Seymour. La armada británica, liderada por Lord Elgin, y la francesa, encabezada por Gros, atacó y ocupó Guangzhou en 1857. Ye Mingchen fue capturado, y Bo-gui, el gobernador de Guangdong, se rindió. Se formó un comité conjunto de la alianza. Bo-gui permaneció en su puesto original para mantener el orden en nombre de los agresores. La alianza anglo-francesa mantuvo el control de Guangzhou por casi cuatro años. Ye Mingchen fue exiliado a Calcuta, India, donde murió de inanición. La coalición se dirigió luego hacia el norte para asaltar los fuertes de Taku, cerca de Tientsin (Tianjin) en mayo de 1858.
Tratado de Tientsin
En junio de 1858, la primera parte de la guerra concluyó con el Tratado de Tientsin, en el cual Francia, Rusia y los Estados Unidos tomaron parte. Los chinos inicialmente se negaron a firmar el tratado.

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Los puntos más importantes del tratado fueron:

El Reino Unido, Francia, Rusia y los Estados Unidos tendrían el derecho de establecer legaciones diplomáticas (pequeñas embajadas) en Pekín, una ciudad cerrada en aquel tiempo

Diez nuevos puertos serían abiertos al comercio internacional, incluyendo Niuzhuang, Danshui, Hankou y Nanjing
 
El derecho de todos los buques extranjeros incluyendo barcos comerciales a navegar libremente por el río Yangzi
 
El derecho a los extranjeros de viajar a regiones internas de China, lo cual antes estaba restringido
 
China debería pagar una indemnización al Reino Unido y Francia de 2 millones de teals de plata respectivamente
 
China debería pagar una compensación a los comerciantes británicos de 2 millones de teals de plata por la destrucción de sus propiedades

Tratado de Aigun
El 28 de mayo de 1858, el Tratado de Aigun fue firmado con Rusia para revisar la frontera entre aquella nación y China, según se determinaba en el Tratado de Nerchinsk de 1689. Rusia ganó la orilla izquierda del río Amur. El tratado también le dio control sobre el área costera del océano Pacífico que no se congelaba, donde la ciudad de Vladivostok fue fundada en 1860.
Continuación de la guerra
En 1859, después de que China se negara a permitir el establecimiento de embajadas en Pekín como se había acordado en el Tratado de Tientsin, una fuerza naval bajo el mando del almirante Sir James Hope bombardeó los fuertes ubicados en la boca del río Hai He. Un escuadrón naval comandado por el comodoro Josiah Tattnall los dañó gravemente.

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En 1860, una fuerza anglo-francesa se reunió en Hong Kong y luego llevó a cabo un desembarco en Pei Tang el 3 de agosto, y un exitoso ataque a los fuertes de Taku el 21 de agosto. El 26 de septiembre, la fuerza llegó a Pekín y tomó la ciudad el 6 de octubre. Nombrando a su hermano, el príncipe Gong, como su representante, el emperador Xianfeng escapó al Palacio de Verano de Chengde. Las tropas anglo-francesas incendiaron el Palacio de Verano de Pekín y el Viejo Palacio de Verano después de varios días de saquearlos. El Viejo Palacio fue totalmente destruido. Pekín ya no estaba tomada, pero las tropas permanecieron en las afueras de la ciudad.

Los motivos de la destrucción del Palacio de Verano son un tema de debate. La razones oficiales declaradas por Elgin eran las de desalentar a los chinos de usar el secuestro como una herramienta de negociación y vengarse del emperador por su violación a la bandera de tregua. Otras opiniones, como ejecuciones, son discutibles. Elgin calificó este hecho como lo “menos desagradable” al haber dañado el gobierno despótico pero sin alterar la vida cotidiana de los chinos inocentes. Historiadores occidentales afirman que el accionar de Elgin al autorizar la destrucción del Palacio de Verano fue motivado por la tortura y asesinato de casi veinte prisioneros occidentales, incluyendo dos enviados británicos y un periodista del periódico de la misma nacionalidad The Times. Los manchú de esa época habían convertido la tortura en una cruel arte que incluía la muerte por medio de miles de cortes mientras se estaba en lo que podría llamarse una chaqueta de alambre, y muerte por mortificación, en la cual los miembros eran quitados del cuerpo uno por uno. En este contexto, Elgin fue muy insultado por la completa destrucción del Viejo Palacio de Verano. Historiadores chinos han argumentado que esta destrucción fue un encubrimiento para los ya muy difundidos saqueos.

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Convención de Pekín

El Tratado de Tientsin, firmado en junio de 1858, fue finalmente ratificado por el hermano del emperador, el príncipe Gong, en la Convención de Pekín del 18 de octubre de 1860, poniendo final a la segunda Guerra del Opio. El comercio del opio fue legalizado y a los cristianos se les fueron concedidos todos los derechos civiles, incluyendo el derecho de la propiedad privada y el derecho de evangelizar.

El contenido de la Convención de Pekín incluye:

El reconocimiento de China sobre la validez del Tratado de Tientsin
La apertura de Tianjin como un puerto comercial
Cesión del Distrito Nº 1 de Kowloon (al sur de la actual Boundary Street, frente a la isla de Hong Kong) al Reino Unido
Permiso a los barcos británicos de llevar a los chinos heridos a América
Indemnización al Reino Unido y Francia por 8 millones de teals de plata respectivamente;
Legalización del comercio de opio.

[Fuente: wikipedia.org]

Las Guerras del Opio (I)

Tuesday, January 30th, 2007

El siglo XIX se caracterizó en China por el desmoronamiento de la dinastía manchú, producto de una larga serie de levantamientos populares (resultado de la presión demográfica y de una serie de calamidades agrícolas) y por la pérdida de soberanía a manos de las potencias imperialistas occidentales. Esto demuestra como, en la historia de China, cualquiera fuera la dinastía que imperara, el peligro exterior coincidía con disturbios interiores.

Las Guerras del Opio fueron dos guerras que se convirtieron en la cúspide del largo conflicto entre China e Inglaterra. En la segunda de ellas, Francia luchó del lado inglés. La disputa se desató debido al comercio del opio, el cual se veía desde ambos lados de maneras muy distintas. El emperador chino censuró el opio en China debido al efecto negativo de éste en la población, los británicos en cambio, veían al opio como el mercado ideal que los ayudaría a compensar el gran déficit comercial con China. Estas guerras y los subsecuentes tratados firmados entre las potencias resultaron en que varios puertos de China se abrieran para el comercio con Occidente que condujeron en parte a la caída de la economía china. Varias potencias tratando de imitar a Gran Bretaña forzaron algunos tratados para incrementar su comercio con China. Estas guerras se consideran como la primera guerra de drogas.

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La Primera Guerra del Opio ocurrió entre 1834 y 1843 y concluyó con el Tratado de Nanjing  (el primero de los llamados Tratados Desiguales), por el cual China cedió Hong Kong a Inglaterra por 150 años. La Segunda Guerra del Opio ocurrió entre 1856 y 1860. China perdió la guerra y tuvo que otorgar concesiones en el Tratado de Tianjing (1858) y su posterior extensión en la Convención de Pekín (1860), firmada mientras las potencias occidentales ocupaban Pekín y se incendiaba el Antiguo Palacio de Verano.

Crecimiento del comercio del opio (1650–1773)

La Dinastía Qing de China, era cada vez más asediada por potencias extranjeras que demandaban un comercio bilateral con China, luego de una gran caída a principios del siglo XIX. Los europeos compraban porcelana, seda, condimentos y té chinos, pero eran incapaces de vender algún bien de interés para China, en lugar de eso, se veían obligados a pagar con plata, esto significaba un gran esfuerzo para las ya apretadas finanzas europeas provocadas por las guerras napoleónicas.

El opio era producido en China desde el siglo XV, era mezclado con tabaco en un proceso inventado por los españoles, que luego fue dominado por los holandeses en el siglo XVII. Al observar los problemas de salud y sociales vinculados con el consumo de opio, el gobierno imperial chino lo prohibió en 1829.

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Los británicos comenzaron la producción de opio a mediados del siglo XVIII en la India en cantidades significativas (aprendieron el arte del estado mongol, quienes comerciaron con opio al menos desde el reino de Akbar) y se iniciaron en el comercio de opio por plata en el sur de China. Los británicos observaron las grandes ganancias que potencialmente traería el mercado del opio (previamente dominado por Yakarta controlada por Holanda) al invadir Bengala en 1764. Las ganancias se acercaban al 400 por ciento y la amapola crecía casi en todas partes.

Las exportaciones de opio de los británicos crecieron vertiginosamente de aproximadamente 15 toneladas en 1730 a 75 toneladas en 1773, embarcadas en más de dos mil cajas con 70 Kg de opio cada una.

Triangulaban los productos de la siguiente manera:

El opio de Turquia e India lo vendían a China.
Se pagaba con opio las porcelanas, sedas y té.
Se llevaba el opio a la Costa Este de China, se pagaba en Inglaterra y se iba a Turquia e India para comprar mas Opio

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Primera Guerra del Opio
En la primavera de 1830, ante el alarmante y desenfrenado abuso del comercio del opio en China, el Emperador Daoguang ordena a Lin Hse Tsu que combata rápidamente esta plaga destruyendo más de 20.000 cajas de opio.

Lin Hse Tsu envía una carta a la Reina Victoria pidiéndole que respete las reglas del comercio internacional no comerciando con drogas toxicas.

Los comerciantes ingleses son expulsados de China y al llegar a Londres se quejan ante el gobierno británico, el cual decide atacar China con su poderosa flota para obligar a China a comprar el opio cultivado en la India británica. Las tropas chinas no pueden hacer frente a los ingleses, rindiéndose ante ellos y cediéndoles la Isla de Hong Kong durante un período de más de 150 años, hasta el 1 de julio de 1997 en que fue devuelta a China.

[Fuente: wikipedia.org]

La Gran Enciclopedia de Yongle (Yongle Dadian)

Monday, January 29th, 2007

La Gran Enciclopedia de Yong es la más grande y antigua de su género del mundo y la protección de los libros antiguos de China.

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A lo largo de más de 5.000 años de historia china, surgieron numerosas dinastías imperiales. Entre aquellas, la Dinastía Ming es el penúltimo imperio feudal, famoso por sus contribuciones culturales, políticas y económicas a las generaciones posteriores. Su dominio duró 276 años entre los años 1368 y 1644. Zhu Di, cuarto hijo del fundador de los Ming, fue denominada el Principe Yan por su guarnición en la ciudad de Yanjing, actualmente Beijing. En 1402, Zhu Di dirigió sus tropas a conquistar la ciudad de Nanjing, capital imperial de entonces, mató a su sobrino y llegó a ser el tercer dominante de la Dinastía Ming. Él tituló a su dominio Yong Le, por eso a Zhu Di le llamaron el Emperador Yong Le. Durante su gobernación, el Emperador Yong Le dictó tres ordenes con gran trascendencia, contruir la Ciudad Probibida de Beijing, mandar a Zheng He a viajar por el Océano y recopilar la Gran Enciclopedia de Yongle.

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La Gran Enciclopedia de Yongle fue escrita por más de 3.000 literatos y escritores con pincel y tinta entre 1403 y 1407. La obra cuenta con 22.877 volúmenes reunidos en 11.095 tomos, entre los cuales se recopilaron más de 8.000 libros desde el siglo I antes nuestra era hasta comienzos del siglo XIV, cubriendo los panoramas de todos los sectores sociales y anotando los sucesos históricos, los conocimientos científicos astronómicos, geográficos, los lugares y personalidedes famosos. La Gran Enciclopedia de Yongle se ha convertido en la enciclopedia más grande y más antigua del mundo y es 12 veces mayor y 300 años anterior a la enciclopedia que el francés Diderot elaboró en el siglo XVIII.

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Sin embargo, en la antiguëdad, esta obra se usaba solamente para las familias reales. El pueblo no podía tener acceso a ella. Por su enorme magnitud, la Gran Enciclopedia de Yongle solamente tuvo dos copias. Su versión original y una copia se perdieron en la decadencia de la Dinastía Ming. En la Dinastía Qing, la única copia se conservaba en la Ciudad Prohibida y el Palacio de Yuanminyuan. Pero, a finales del siglo XIX,  estalló la Guerra del Opio, por lo cual en 1860, los Ejércitos de Francia e Inglaterra invadieron a Beijing e incendiaron el Palacio de Yuanmingyuan. Una mayoría de la Gran Enciclopedia de Yongle fue quemada. Luego, en 1900 las llamadas ”ocho potencias” incluyendo al Reino Unido, Francia, Japón, Alemania, Rusia, Estados Unidos, Italia y el Imperio Austro-Húngaro conquistaron Beijing de nuevo y robaron muchos tomos y reliquias antiguas y valiosas. Durante la Segunda Guerra Mundial, la Gran Enciclopedia de Yongle recibió el último daño grave.

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En la actualidad, entre los 11.095 tomos de la Gran Enciclopedia de Yongle se quedan sólo unos 400, desperdigados por las bibliotecas de 8 países y regiones del mundo. Entre aquellos, China tiene 221 tomos, que se conservan en la Biblioteca Nacional de China y el Museo de Taiwán respectivamente.

Hoy en día, la protección y procuración de esa obra se han convertido en una tarea urgente y esencial de los sectores académicos e históricos dentro y fuera del país. Por esfuerzos y estudios de los especialistas del mundo, hace poco, en China, se publicaron por primera vez 40 tomos de una versión imitante a la original. Sobre la Gran Enciclopedia de Yongle y su última publicación, Ren Jiyu, director de la Bibilioteca Nacional de China, dijo:

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” La Gran Enciclopedia de Yongle es la obra más distinguida y más madura en la literatura antigua a lo largo de la historia china, además, constituye un prestigioso monumento de la historia de la cultura humana. Por motivos conocidos no podemos verla en su edición original. Ahora, en el mundo los tomos conservados solamente pertenecen a la copia de la Dinastía Ming. La destrucción de esa obra por el hombre es una gran pérdida para la cultura mundial. Hace unos años, la Bibilioteca Nacional de China ha organizado a numerosos especialistas e historiadores para estudiar la recuperación de la Gran Enciclopedia de Yongle y en este año, siguiendo los modelos, composición y encuadernación de la Gran Enciclopedia de Yongle, se publicó su fotocopia, lo cual ha impulsado el desarrollo académico de la historia contemporánea.”

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El estudio de dicha obra llama la atención de los sectores historiador y argueológico de otros países. Para fomentar sus investigación y protección, los especialistas chinos empezaron las cooperaciones académicas internacionales. En abril del 2002, en Beijing, celebraron el Foro Internacional del Aniversario de Publicación de la Gran Enciclopedia de Yongle, a lo que asistieron más de 90 estudiosos provenientes de unos 50 instituciones y centros académicos de Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Rusia, Japón y Corea. Al mismo tiempo, adaptar las más modernas tecnologías en esta obra ayudará a extender la cultura china a todos los rincones del mundo. La idea de llevar la Gran Enciclopedia de Yongle al formato CD y a publicarla en Internet surgió poco después de que la británica Universidad de Aberdeen entregara a la BNC tres discos compactos en los que introdujo la información de un tomo de la Yongle que posee el centro superior escocés. Además, según se informó, la Bibilioteca Nacional de China, está trabajando para digitalizar esta gran obra dentro de unos dos años, por lo cual permitirán un mejor acceso a sus textos, imágenes y bases bibliográficas.

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An Pingqiu, profesora de la Universidad de Beijing, dijo: “La Yongle Dadian es un tesoro del mundo. Incluso una pequeña parte es importante para los académicos y cualquier esfuerzo enfocado en su publicación es muy notable. Lo que disponemos ahora de la enciclopedia es sólo un tres o un cuatro por ciento del volumen original. La publicación de las fotocopias ayudará a los académicos y hará que mucha gente conozca el patrimonio cultural del mundo”.

[Fuente: CRI]

Cordero al Estilo Hunan

Sunday, January 28th, 2007

Ingredientes:
1/2 Kg. pierna de cordero deshuesada, en rodajas finas
3 cucharadas de salsa de soja
2 cucharadas de vino de arroz (o de jerez seco)
4 cucharaditas de maicena
3 cucharaditas de vinagre de arroz
Media cucharadita de azúcar
125 ml de agua
2 cucharadas de aceite
2 puerros limpios cortados en trozos de 2 cm
4 ajíes secos sin pepitas
2 cucharaditas de jengibre fresco picado
2 cucharaditas de ajo picadito
1 cucharada de aceite de sésamo
Media cucharadita de sal

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Preparación:
Mezclar el cordero con la media cucharadita de sal, 1 cucharada de salsa de soja, 2 cucharaditas de vinagre de arroz y 2 cucharaditas de maicena. Apartar.
Preparar los ingredientes para la salsa mezclando la salsa de soja, el vinagre de arroz y la maicena restantes con el jerez, el azúcar y el agua. Reservar.
Calentar 1 cucharada de aceite de sésamo en un wok o sartén hasta que humee, añadir los puerros, sofreír durante dos minutos y apartar.
Calentar el aceite restante y añadir los ajíes, el ajo y el jengibre, sofriendo sin dejar de remover durante medio minuto. Añadir el cordero y sofreír hasta que pierda el color crudo.
Volver a echar los puerros en el wok e incorporar los ingredientes que previamente habíamos mezclado para hacer la salsa. Remover bien hasta que la mezcla haya espesado y echar la cucharada de aceite de sésamo. Servir de inmediato acompañada con arroz.