Ukiyo-e (literalmente, pintura del mundo flotante) fue una escuela de grabado japonesa, entre cuyos representantes se encuentran Hokusai, Hiroshige y Utamaro. En un principio, solamente se utilizaba tinta china, hasta que en el siglo XVIII Harunobu Suzuki desarrolló la técnica de grabar distintos colores.
Esta corriente artística, especialmente bajo la forma de xilografías, apareció a principios del período Edo (1600-1868) y experimentó una gran aceptación popular entre las clases medias. A finales del siglo XIX, las xilografías ukiyo-e tuvieron una profunda influencia sobre los pintores impresionistas, como Vincent Van Gogh y Claude Monet.
Sus personajes centrales estaban sacados a menudo de los barrios marginales y los teatros de kabuki, y los formatos iban desde xilografías de una sola hoja a ilustraciones de álbumes y libros. El ukiyo-e se extendió por todo Japón, alcanzando su forma más característica en las estampas producidas en Edo (la actual Tokio) desde alrededor de 1680 y hasta la década de 1850.
Kitagawa Utamaro concibió sus obras más logradas utilizando un formato okubi-e o retratos de bustos. Las mujeres de Utamaro son a menudo sumamente voluptuosas, incluso sensuales.
Katsuhika Hokusai desarrolló un estilo extremadamente personal, combinando influencias chinas y occidentales con elementos propios de la tradición autóctona. Su serie de estampas de paisajes “Las treinta y seis vistas del monte Fuji”, comenzaron a aparecer hacia 1831. Quizás la más famosa de esta serie sea “El mar de Kanagawa”, que reproducimos abajo.

Era asimismo un dibujante prolífico como lo prueba la variedad de técnicas que empleó para crear una gama asombrosa de imágenes en su famoso “Hokusai manga” en 13 volúmenes (1814-1849, Bocetos de Hokusai).
El único rival para los paisajes fue Ando Hiroshige, cuya serie “Cincuenta y tres escenas del camino de Tokaido” le supuso fama y un gran número de imitadores.
Acá pueden encontrar una galería de imágenes que representan este estilo.